El Apple Watch y yo, quien a hierro nace a hierro muere

IMG_2015-09-05 01:07:14Detrás del aparatoso y nada afín al SEO titulo de este post, se esconden todas las fases vitales por las que ha pasado en mi vida el Apple Watch, desde que conocí su existencia, hasta que cayo en mis manos, para concluir saliendo de ellas.

Cuando el Apple Watch, o más bien el iWatch era solo un deseo, una aspiración de algunos y un rumor a gritos, se despertaba en mi la esperanza de que una empresa como Apple pudiera presentar un dispositivo distinto, algo nunca visto, similar y a la vez distinto al concepto tradicional del reloj, reinventándolo y haciéndonos participes de un gran avance tecnológico que dejara en bragas a los smartwatches vistos hasta la fecha.

Poco a poco se iba acercando la fecha de la Keynote del 9 de septiembre de 2014 donde a la postre fue presentado, ahora si el Apple Watch. Poco o muy poco se supo de él, las filtraciones que suelen acompañar a las presentaciones de las grandes marcas no habían podido nada más que dar pinceladas de lo que se iba a presentar, manteniéndonos así a todos expectantes de ese evento.

Feo, eso es lo primero que pensé al ver, ese reloj es muy feo. Más grueso de lo que me lo hubiera imaginado y con una rueda que lejos de transmitirme que me encontraba ante un objeto digno de una película de Bond, parecía sacado de una de principios de los 80, sobre todo si mostrábamos una esfera con agujas al más puro estilo convencional.

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Según se distanciaba el momento de su presentación y se acercaba el momento de puesta a la venta del dispositivo (que dicho sea de paso me pareció un completo y absoluto despropósito) más se afianzaba en mi la idea de no adquirir el reloj de Apple “no le iba a dar uso”, “seguro que es carísimo”, “con lo bien que estoy yo con mi Pebble” y “joder es que me parecía muy feo”.

Con todo esto, llego el momento de su puesta a la venta. El precio muy en la linea de Apple, alejado de su competencia, pero también prometiendo funcionalidades alejadas de lo que otros dispositivos podían darnos.

La compra se podía realizar, no sin antes realizar una reserva para posteriormente y ese mismo día acudir a una Apple Store y recoger el modelo de reloj seleccionado.

Con más que curiosidad que otra cosa, me deje caer por el proceso de reserva, que aunque me costo más de lo que debería, concluyo con una “inofensiva” reserva, que en un principio iba a quedarse en eso.

Pero las dudas empezaron a surgir “este año no me voy comprar el nuevo iPhone, puedo probar que tal va este nuevo reloj”, “seguro que la experiencia de uso junto con otros dispositivos de Apple es estupenda”, “le va a dar mil vueltas al Pebble”, “joder, pero que feo es el Pebble”. Conclusión, compre el reloj.

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Cuando ya lo tuve en mis manos lo primero que pensé es que era más bonito de lo que pensaba, agradable al tacto y sentaba realmente bien, pero a ver que tal funciona la máquina.

Configurarlo fue una odisea, más de 20 minutos para hacerlo de manera exitosa, tuve que realizarlo dos veces ya que no terminaba de ir bien la cosa. El proceso era lento y tedioso, tardaba en iniciarse y no parecía en nada un dispositivo nuevo, más bien uno que ya tuviera unos cuantos años a sus espaldas.

Pasado este trance comencé a utilizarlo, para descubrir que me podía aportar.

Las notificaciones, su principal utilidad, llegaban a las mil maravillas, y las apps que permitan interactuar con ellas como telegram o tweetbot no daban ningún problema, llegan bien y siempre que el reloj este funcionando evitaba que el iPhone activara su pantalla al recibir un aviso, transmitiendo así la sensación de que el reloj y móvil iban en perfecta armonia.

Hay apps como Runtastic u Overcast que funcionaban realmente bien y activarlas en el reloj no llevaba más de un segundo, era en estos momentos cuando el reloj enamoraba ya que parecía que funcionara autónomamente, relegando al iPhone en muchos momentos y tomando un gran protagonismo.

Una de las cosas que no me gusto del reloj era que si activaba en modo no molestar, la pantalla se siguiera activando al girar la muñeca, cosa que me parecía especialmente molesta cuando dormía con el reloj puesto.

Su batería suficiente, superior en autonomía a la de mi iPhone 6 Plus, llegaba sobrado al ocaso del día e incluso para llegar al medio día del segundo día desde el momento de su carga. Esto esta bien, pero tras probar el Pebble y la comodidad que otorgaba su autonomía no termine de estar gusto con vivir pendiente de otro chisme que cargar a diario. Este tema era algo que a días me molestaba y en otros no le daba mayor importancia.

Según pasaban los días mi uso del reloj iba siendo más similar al que hacia del Pebble, centrando en las notificaciones y poco más. No me preocupaba por los paso que había dado, ni las pulsaciones que tenia en un momento determinado, no miraba notas ni recordatorios en el Apple Watch. Mi uso, el uso real que yo le doy a un dispositivo de estas características se iba imponiendo al irreal que tenia al principio y que se entraba en sacar todo lo que el reloj daba de si.

Aquí comenzó su ocaso, el reloj más que un apoyo era un lastre. Me lo quitaba siempre y cuando creía que podía mojarlo (duchas, fregar platos…) por temor a deteriorar n producto tan caro (ya comenzaba a pensar en su venta), solo las notificaciones no me convencían para justificar tamaña inversión y también por que no decirlo me ataba a un sistema operativo, que aunque me encanta, no tiene por que ser el que me apetezca tener en determinados momentos (la carne es débil y Android muy tentador en determinados momentos).

Poco a poco la promesa de las posibilidades que Watch OS 2 traería no eran suficientes, además volvían a mi mente las escenas de un reloj que se arrastraba al configurarlo la primera vez y las dudas sobre si su hardware soportaría ese sistema operativo.

Así un día por que sí, tal como llego a mis manos fruto de un calentón lo puse a la venta. No tarde ni 24 horas en deshacerme de él y poco más de un par de horas en saber cual iba a ser el destino del dinero que había adquirido, un Pebble Time.

SantyOky

SantyOky

Madrileño de treinta y pico años y pAppa de dos pequeños campeones. Cacharrero incansable, adicto a las nuevas tecnologías. Me puedes encontrar en twitter como @SantyOky.

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